Cuando Romina me invitó a fotografiar el control que VPC Voluntarios por los caballos https://www.facebook.com/Voluntariosporloscaballos/   iban a realizar en La Reja, Moreno, dije que sí inmediatamente.

Sabía que los jinetes, gauchos y carretas van hacia Luján a desfilar y en medio de ésa peregrinación muchos caballos salen a la ruta en condiciones deplorables y muchos hasta mueren antes de llegar a la altura de Gral. Rodriguez.
Llegué y lloviznaba levemente, había barro por todos lados, pero eso no hizo que me desanimara y mucho menos al ver a todos los voluntarios que habían estado los días anteriores bajo la tormenta esperando los carruajes.

Era domingo y venían caballos cansados del fin de semana.

Romina me contó cómo el negocio de los “invisibles” se desarrolla, así los llama ella, porque los caballos son invisibles en la calle, los miramos pero no los vemos; “el caballo no se queja” me dijo y automáticamente me dí cuenta que tiene razón. No es como el perro que te muerde, el gato que te rasguña, el caballo no, hasta si le duele algo no se queja.

Si un caballo va en la calle, los agentes de tránsito no lo paran, están invisibilizados.

Me contó de cómo llevan a los padrillos a cruzar hembras a Luján, de cómo en las noches en donde se quedan a acampar arman riñas de padrillos, peleas entre cual padrillo es más fuerte y las apuestas corren a las espaldas de todos.
De cómo hay gente que alquila las carretas a cartoneros, “si ves un caballo con una cintita roja en la pata es alquilado” me dijo y me quedé pensando, “si el chofer de la carreta te choca con el carro lo mas probable es que salga corriendo y deje abandonado al caballo” y seguí pensando.

Charlamos bajo una garita mientras llovía y me contó que les habían avisado que  en Cuartel V, Moreno, vendían carne de caballo, “milanesas” para ser mas precisos y en mi mente pensé “la vaca debe tener mejor prensa porque nadie se queja de que la hagan milanesa o asado”; que habían ido hasta allá y cuando llegaron ya estaba todo el caballo carneado y repartido entre los vecinos.
Que también hay mataderos clandestinos y las tripas hasta ese punto me querían hacer vomitar, juro que un frío me recorrió el cuerpo inmediatamente.
Pude capturar fotos de algunos caballos, ellos pasaron el control, que incluye chequear el  ritmo cardíaco, esperan a que tomen y coman algo, controlan que tengan las herraduras en las cuatro aptas porque un caballo que anda por pavimento las debe tener.También el control de anemia que es un control de enfermedad que deben tener hecho, porque es contagiosa entre los caballos a través del tábano y no tiene cura, así que si el caballo tiene esa enfermedad se lo debe sacrificar.
Muchos caballos van lastimados de los mismos arneses y monturas entonces en el control les colocan pomadas, vendas para que lleguen a sus casas con menos dolor.
Volví a mi casa súper movilizada, siempre ví a los caballos como animales nobles y luego de toda ésta charla con Romina me quedé pensando en lo mucho que no sabemos y en lo oscuro del ser humano.
En cómo las familias que los maltratan tienen naturalizado el hecho de pegarle a un caballo hasta tal punto que muera si no se levanta, de cómo un caballo lleva familias y pertenencias de Luján a La Matanza, recorriendo casi 50 km.
Dani, una colega lo comparó con el medioevo, mientras compartía la jornada en un vivo de Instagram y creo que es más atrás ésto, somos primitivos y lejos estamos de llamarnos animales.

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